Ayer tuve ganas de caminar a disfrutar de la noche cálida de mi cuidad, hace mucho que no salia y ya extrañaba hacerlo.
Como son fechas navideñas, épocas que me hace estar feliz, ¿porqué?, pues por qué no; al pasar por las calles vi que ya hay adornos en las casas para vivir el ambiente de una Feliz Navidad, en las ventanas las típicas luces, las guirnaldas de colores, el arbolito y el nacimiento con sus lucecitas juguetonas, y mientras caminaba hacia el centro los adornos eran cada vez más vistosos y más costosos supongo.
No tenia un lugar a dónde llegar sólo camine disfrutando del paisaje urbano que extrañe durante mi viaje, ¿raro? si, aun para mi.
Cerca a las 200 casas pasé por la casa de un maestro; quien dictaba el curso de lenguaje en mi época escolar; "maestro" porque supo enseñarme más que la gramática española en aquellos años e influenció mucho en mi gusto por la literatura, hecho que agradezco. Al ver su ventana con la luz encendida quise saludarlo, pero luego lo pense mejor y decidí pasar de largo. Y es que mi ropa estaba "algo" desaliñada y preferí estar más presentable en la siguiente ocasión evitando así una frase que él solía decir en situaciones como esa.
Mientras caminaba; recordé los recientes libros que leí ¡cómo los he disfrutado! pero que no he tenido con quien compartirlos, así que pensé en voz alta: ¿porque? acaso ya nadie lee, les parecerá tan aburrido y por ende también aquellos que leen. No buscaba a quienes falsamente creen que leer brinda un estatus de intelectual "aculturado" sino a quien disfrute el libro y punto. Me quejaba con Dios al respecto hasta que sentí la mirada de la gente a mi alrededor, que parecían murmurar: está loca. (la ropa que llevaba estaba un poco desaliñada, pero vamos no es para tanto). Eso me saco de mis interrogantes, no por la importancia que significaba sino por la risa que me dio.
Bajaba por la Av San Martin y observé con alegría las estrellas de luces que la adornaban hasta el paseo civico, hermoso en verdad. Ya estaba cerca a la Av bolognesi y tenia 10 soles en el bolsillo, pense: que tal una nueva historia; di vuelta en la botica y llegue hasta un Book marker. Alli al mirar algunos libros para decidir cuál comprar, escuché una voz dirigida hacia mi: "has leído el caballero de la armadura oxidada, es buena, la leí en el colegio, te la recomiendo" y yo: no , no la lei. Por mi parte ojee el libro que mencionó y me pareció un cuento para niños, pero que más da si a mi me sigue fascinando "El Principito" y lo compre junto a otro que halle.
Quise devolver su cortesía recomendándole uno de mis libros favoritos "El Alquimista", al parecer le agrado y lo compró. Salimos conversando sobre los libros que compramos, que estudiabamos en fin una plática de dos desconocidos, muy amena por cierto. Caminamos hacia la plaza de armas en busca de su auto, nos despedimos e intercambiamos correos.
De regreso a casa mencioné: Señor que rápido me hiciste caso, debería hablar mas a menudo contigo.
Intente leer el libro de camino, no estaba mal. Llegue a la Av Coronel M. y vi como la gente allí, mucha y tal vez todas ellas llevaban una pesada armadura, que impedía que se escuchen entre si. El alboroto era en pos de una venta, pero yo como posible consumidora me espante de ver a la gente discutir de ese modo, así que el libro me dio un consejo: que bien nos haría una vacaciones en el castillo del silencio, verdad amigo ardilla?
martes, 18 de diciembre de 2007
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